El 05 de septiembre de 2012, y tras casi seis años de prohibición, han vuelto las corridas de toros a la televisión pública española.

El cartel ha sido de postín, Toros de Victoriano del Río, para los diestros, "El Juli", José María Manzanares y Alejandro Talavante. Grandes figuras de estos años.

Asunto este, del cual me alegro y me emociona el poder disfrutarlo, de nuevo, en una televisión que pagamos todos, y como aficionado me veo en el derecho de poder disfrutarlos, pese a quien le pese.

Tengo una afición, no desmedida, desde que mi abuelo los veía en mi casa, y nos llevaba a los encierros de mi pueblo, a mi hermano y a mí.
Los toros , es cierto, o los odias , o los amas. No tienen término medio, como todo lo grande en esta vida.

De la televisión yo quitaría muchas cosas, y no por ello, las voy a prohibir, aún sin estar de acuerdo con ellas.

Se esgrime por los anti-taurinos que es una tortura denigrante para el animal, teorema ante el cual estoy en desacuerdo. La muerte en una plaza de toros es la muerte más digna que se le puede dar a un animal, en esta caso bravo. El hecho de poder defenderse y de poder matar a su oponente.

Creo que no hay en el mundo ningún animal que tenga ese "derecho" reconocido ni estipulado.

Se llevarán los "antis" las manos a la cabeza. Sólo les animo a que cojan un capote y una muleta y se pongan delante de una becerra. Los toreros que suelen salir en Tv, son ya maestros con experiencia.

¡¡Qué vayan a ver una novillada y palpen lo que es el peligro en estado puro.!! O que vean una faena, en una placita de tientas, y vean como bufa y rozan las pezuñas de un toro, al pasar. Asusta.

Dirán los animalistas que no se debe matar a ningún animal si no es para comer. Que se lo pregunten a los que tienen que defenderse (animales salvajes en general) de ellos, en el campo a 100 Km de la ciudad, cómo se ha de actuar cuando estás en territorio de un animal en su propio territorio.

Además, ellos que tan bien conocen a los animales, los toros, y que parecen ser sus abogados defensores, quizá han hablado con ellos alguna vez para preguntarles ¿cómo quieren morir?. ¿En un matadero o en una plaza de toros?, seguramente elegirían lo segundo.

En este sentido, han preguntado a un animal si quieren vivir en cautiverio, o si quieren estar en una jaula o en un zoo, alguien sabe ¿si piensan que es mejor el tener una correa al cuello?.

Los animalistas, que yo los llamaría falsos y fariseos, e hipócritas, dirían que no se les mate, a no ser que sea para comer, y los más fanáticos, que ni para comer porque no tienen el derecho de morir, que comamos vegetales.

¿No nos estamos dando cuenta que son discursos totalmente irrisorios?. ¿Es que alguien puede prohibir a otro el que no coma carne?. Es que estoy convencido que lo terminarían imponiendo.

También argumentarían que sólo matarlos para comer, es que alguien ¿le ha preguntado al animal si quieren que le coman?

El animal, desde lo más remoto de los tiempos, ha sido influido con la domesticación y control-amenaza. Actualmente en un mundo totalmente cosmopolita, en el que los niños no saben ni de donde sale un filete, creen que los alimentos y los riesgos surgen por arte de magia.

 

 

Concluyendo, yo no disfruto viendo maltratar a un animal. Disfruto y me emociono con un hombre utilizando las armas del arte, de la razón y el valor enfrentándose a un animal bravo. Un ritual de vida y muerte, ciertamente.

El toro es un animal tranquilo, que pasta en el campo, evidentemente, pero que lleva un peligro implícito que no tienen las demás reses de vacuno. España es el único país que ha querido salvaguardar ese animal. No por odiarlo o quererlo matar, si no, al contrario, por admirarlo y quererse medir a él. No lo considero barbarie, sino algo intrínseco al ser humano. No todo el mundo disfruta haciendo yoga, o meditación.

Se ha de decir que está ganando muchos adeptos el juego de riesgo de hombre contra toro, en recortes y quiebros a cuerpo limpio, en el que el toro no se le hiere o mata en la plaza, pero que, sin embargo, muere en el matadero. Ese toro tiene un fin, que es divertir al ser humano. No para torturarle, sino para morir.

Los animalistas prefieren que no exista el toro, aunque ello suponga su desaparición pues no tendría un fin. Yo pienso lo contrario. Disfruto, amo a ese animal, me parece el más bello del mundo, y no me emocionó viéndolo morir, sino luchar hasta morir, defiendo su existencia. No lo considero tampoco morbo. No se puede explicar con palabras.
 Dicen que los que vemos eso, seríamos capaces de pegar a una mujer, ¿estamos locos? . Quien me conoce, sabe de mi sensibilidad.

Entiendo que haya gente que no le guste esto, yo tampoco entiendo por qué la gente se mete en una casa a ocuparla, sin pagar nada, y se creen en el derecho de ella, mientras los demás debemos seguir las reglas básicas de convivencia y solidaridad o llevar un perro parasitado, de aquí para allá. Y cómo disfrutan luego luchando por los derechos de un animal.

Tampoco entiendo por qué deben quejarse los antitaurinos de que las corridas de toros hieren la sensibilidad de un niño, cuando los dibujos animados están llenos de violencia implícita  o simplemente los telediarios están llenos de heridas y masacres diarias de guerras y nadie se queja.

Tampoco entiendo cómo hay antitaurinos que odian a los que matan a un toro bravo o lo van a ver, y luego son capaces de ni siquiera apiadarse de su abuelo o madre en un asilo.

Puedo decir y además con hechos palpables y visibles, que muchos de los toreros, esos asesinos sin piedad, son de las personas más solidarias y generosas de la sociedad, ahí están sus ayudas a asociaciones humanitarias y sociales de toda índole.

Sé que este escrito, si lo lee un antitaurino o ni siquiera lo leerá, o no lo va a querer entender. Reconozco que son dos posiciones encontradas.

Es fácil, que se haga un referendum nacional, si sale mayoría que haya corridas de toros, que se dejen, si no que se prohíban. No hay más. Esto es ser demócrata. Además, si tanto están en contra de la tortura, que vayan a las puertas de los etarras, con las manos manchadas de sangre, ¿a ver si lo hacen?.
Y que nos dejen en paz a los taurinos, que no hacemos daño a nadie.

Los toros, o mejor dicho, las corridas de toros, que no se alarmen los antitaurinos, no desaparecerán por prohibir, sino porque dejen de interesar a una sociedad. Prohibiendo la harán más fuerte, seguro.

¡¡Así que sigan , que sigan....!!