EL TORO SAGRADO- HISTORIA HUMANA

El toro nunca fue, es ni será un animal cualquiera. Un ser vivo que deba inscribirse en la lista de posibles extinciones. No ha caído en la desaparición climatológica ni en la humana, entre otras cosas, por la adoración y pasión con el que le siguen miles de humanos que amamos a este animal atemporal y que ha hecho posible su pervivencia.

Ya desde tiempos inmemoriales era considerado un animal sagrado. No sólo era utilizado para los sacrificios a los dioses sino que era considerado un dios, uno de los más relevantes.

En la civilización más antigua de la historia, la sumeria era representado con cabeza de humano barbado (uno de los dioses principales) y con alas de águila. Eran los llamados “Lammasu”. Eran dioses relacionados con la virilidad, la fertilidad y la vida, de ahí que eran motivo de celebraciones y sacrificios en momentos primordiales de los pueblos que los adoraban.

En esta cultura aparece escrita la considerada primer poema épico de la humanidad en la que el rey Gilgamesh y su amigo Endiku, primeros semidioses de la historia escrita, apuntilla a un toro.

Después de los sumerios fue acogida la figura del toro sagrado, por el resto de principales pueblos mesopotámicos: acadios, babilonios y asirios. Sobre todos estos últimos.

Su adoración y mistificación continuó con la cultura egipcia. El Dios-toro Apis, considerado la encarnación del dios Ptah y más tarde de Osiris, el dios principal egipcio.

Era tal la importancia de este animal que era momificado y enterrado en sarcófagos junto con los mismos miembros reales.

Aquí no acaba la historia de este bello y enigmático animal.

En el Éxodo bíblico del pueblo hebreo se habla del becerro de oro. Se cree que era una figura de oro en honor a un toro sagrado o Bel-el-Baal.

En la cultura helénica o griega que bebe en gran medida de la egipcia también aparece en su mitología sagrada. La muerte del Minotauro, mitad hombre, mitad toro, a manos de Teseo. Unos dicen que a golpes , otros a través de una espada, regalada por Ariadna.

En Roma, también podemos hacer seguimiento del toro sagrado, a través de su mitología mitraica.

El culto a Mitra o dios solar aparecía representado matando a un toro. También se conservan teselas y representaciones de hombres jugando con el toro, a modo de los actuales forçados.

Podemos constatar que con el paso del tiempo, el toro sagrado pasó de ser considerado un animal sagrado o dios sagrado en primer término, a transferir al humano esos valores intrínsicos, de fuerza, fertilidad y vivacidad, en contacto íntimo con la muerte de ambos celebrantes.

La península ibérica, el sur de Francia e Hispanoamérica son los únicos lugares del planeta donde se sigue adorando a este animal como algo sagrado, especial y único, no como un trozo de carne y huesos, que únicamente sirva para dar de comer.

Un animal sagrado y único que debe de perdurar como recuerdo de nuestros más remotos ancestros y dándole una categoría y dignidad que no tienen el resto de animales actuales.

A parte de estos argumentos históricos-culturales está la situación actual, en la que que hay una corriente internacional-nacional de intento de menoscabo y abolición de la tauromaquia, y por ende del toro bravo, por la que los que amamos este animal y su ritualización de muerte y vida, lucharemos por su pervivencia.

Porque estamos en contra de esa internacionalización de la muerte en diferido, de seres humanos por la que no hay ningún tipo de defensa y una manipulación constante impuesta por el mundo anglosajón, y poderes en la sombra, totalmente contraria a la historia de nuestra tierra y pueblo.

Porque todo lo que viene de fuera no siempre es bueno, al revés, y si no que observen cómo se desenvuelve el mundo actual.